En la mitad de su vida se encuentra perdido. Parado en medio de una selva oscura, lo recorre una soledad que duele, y una certeza: se ha apartado del camino recto.
Quiere escapar, pero no sabe cómo. Adelante tiene una hermosa colina. Se dirige hacia allá, aunque no puede avanzar. Una pantera, un león y una loba se lo impiden.
Tiene que huir, pero no puede. No queda otra opción que volver a la selva. Y allí está de nuevo, solo, angustiado. De pronto, una presencia lo sorprende.
-Ten piedad de mí -le suplica-. Quien quiera que seas, sombra u hombre verdadero.
-No soy ya un hombre, pero lo he sido-responde en calma la sombra y continúa: No podrás alcanzar la colina por ese camino.
-Las bestias-asiente.
-Sí. Pero no te confundas. La pantera, el león y la loba son en realidad tus pecados. Ellos no te dejan avanzar. -Ante la mirada interrogante del hombre, la voz continúa: Esos animales representan la lujuria, la soberbia y la avaricia... tus tres grandes pasiones y no podrás vencerlas porque, como ellas, luego de comer tienen más hambre que antes.
-¿Y qué puedo hacer?
-Te conviene seguir por otra ruta -responde la voz-. Yo seré tu guía y te llevaré a un lugar eterno donde escucharás aullidos desesperados y verás los espíritus dolientes de los antiguos condenados que llaman a gritos a la segunda muerte. El camino será largo y difícil. Juntos atravesaremos el Infierno y el Purgatorio hasta llegar a la cima.
El hombre lo mira a través de sus lágrimas.
-Acepto -dice por fin- y te pido por Dios que me hagas huir de este mal y de otro peor.
Al escucharlo, el espectro se pone en marcha y Dante lo sigue.
Con esa escena se inicia La Divina Comedia, la maravillosa obra de Dante Alighieri.
Alguna vez he comparado al terapeuta con Virgilio, el poeta que se le apareció a Dante, porque como a él, le toca acompañar al paciente en la travesía de su Infierno personal y ayudarlo a manejar esas pasiones enfermas que al satisfacerse generan más hambre todavía. Los terapeutas debemos sugerir a esa persona confundida y angustiada que le conviene seguir por otra ruta. Y para iniciar el nuevo recorrido, como Virgilio, necesitamos de su confianza, que crea que podemos ayudarlo, que sabemos cómo hacerlo. A eso le llamamos transferencia. Condición indispensable para ponernos en marcha.
A su modo, el poeta ha sido el psicopompo de Dante.
Un psicopompo es una figura fascinante que aparece en casi todas las mitologías y religiones del mundo. Etimológicamente, la palabra proviene del griego psychopompós (psykhe, que significa "alma", y pompós, que significa "el que guía").
En términos sencillos: es el guía de las almas.
Muchas veces me ha tocado encarnar ese rol, contener al paciente en momentos de confusión y llevarlo a aceptar una muerte, sea la pérdida de un ser querido o de una persona que ya no lo ama, de ese espejo que ya no lo refleja.
Sentirá miedo y tendrá que desafiar sus pasiones. Será también un camino largo y difícil. Aumentarán sus dolores y, por momentos, sentirá que no puede... que no quiere.
Deberé enfrentar los mecanismos de defensa que intentarán mantener con vida lo ausente. Al principio, es posible que el terapeuta lo desestabilice aún más. Lo sé. Pero tendremos que seguir adelante a pesar de los gritos, de los aullidos que nos estremezcan al cruzar el Infierno. Es parte de ese trance complejo y delicado al que llamamos duelo, y quien no se anime a transitarlo correrá el peligro de quedar atrapado, congelado, ausente de si mismo.
El trabajo del terapeuta no es el de un líder carismático, sino el de una costurera, o el de un zapatero remendón, traes a la consulta tus zapatos rotos, que deforman tus pies y duelen porque no sirven de forma optima para el fin por el que fueron creados. Y zurcimos aquí, pegamos allá, adaptamos la suela nueva a tu pie y el final -¿Cómo te queda?
-¡Cómo un guante!
Esa es nuestra aspiración, que no notes el zapato, que te proteja los pies cansados, que te cubra del barro y así abrirte a la ligereza y la seguridad de sentirte libre y protegido.
Y así transitar el duelo, necesario para caminar mejores caminos.

HOLA!, Soy el idiota que escribe esto...
Y quizás sea interesante o tal vez no, no lo sé; Ser o no ser... ese es el verdadero dilema. Este es un espacio para soltarme, un lugar donde dejo fluir mis ideas más disparatadas, donde me entrego a la procrastinación del cuerpo y al impulso mental de vomitar públicamente, para exorcizarme y, quién sabe, quizá también para exorcizar a otros. Ser humano es más complejo de lo que parece, porque hay que saber cuándo soltarse y cuándo atarse. ¿Cuándo cada cosa? Ahí radica la verdadera cuestión. A ojo de buen cubero, diría que ese es el dilema: cuándo ser mitad hijo de Dios y cuándo mitad hijo de puta...
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