La vida es sexo. Y el sexo es sagrado

Hoy me he levantado algo filosófico pensando alrededor del sexo :)

El trabajo con el tantra, el sexsurf y la Biosexualidad es llevar la espiritualidad a todos los niveles de nuestra vida.

Ese es uno de los misterios mejor guardados del sexo. La vida es sexo. No sólo algunos "aspectos" de la vida, sino la vida en sí misma.

Este misterio es realmente difícil de entender y una de las cosas más importantes a aprender en nuestra vida. Es el núcleo de toda enseñanza auténtica. La terminación hacia la que podemos llegar al proceder en un camino espiritual.

La idea de la Biosexualidad, de la energía sexual, es que todo, absolutamente todo, es sagrado.

Entendamos primero qué significa algo sagrado.

En la vida existen dos conceptos: lo sagrado y lo profano. Ahora bien, si la energía sexual nos dice que todo es sagrado, entonces podemos entender que lo profano también es sagrado (porque todo lo es!).

Entender que algo es sagrado es decir que es algo puedes amar, algo digno de ser amado. En este caso, desde la Biosexualidad consideramos que todo es digno de ser amado.

Así mismo, lo sagrado también es digno de ser amado por ser amor.

Por ejemplo: un templo, por regla general, es sagrado. No porque se le ama, sino porque dentro del propio templo está el amor, es decir, se ama aquello que contiene amor.

De esta forma, el considerar que todo es sagrado, es por creer firmemente que todo se puede amar, porque todo contiene amor.

Y, si consideramos que todo es sagrado, entonces consideraremos que nada existe que no sea digno de ser amado.

La Biosexualidad nos ayuda a ver, a despertar a la realidad de la vida.

En el trabajo con uno mismo, este concepto es nuclear (como también postulan algunos tántricos).

Es un camino que nos abre a un mundo de preguntas, dudas y bloqueos que, poco a poco, irás respondiendo y desbloqueando.

HOLA!, Soy el idiota que escribe esto...

Y quizás sea interesante o tal vez no, no lo sé; Ser o no ser... ese es el verdadero dilema. Este es un espacio para soltarme, un lugar donde dejo fluir mis ideas más disparatadas, donde me entrego a la procrastinación del cuerpo y al impulso mental de vomitar públicamente, para exorcizarme y, quién sabe, quizá también para exorcizar a otros. Ser humano es más complejo de lo que parece, porque hay que saber cuándo soltarse y cuándo atarse. ¿Cuándo cada cosa? Ahí radica la verdadera cuestión. A ojo de buen cubero, diría que ese es el dilema: cuándo ser mitad hijo de Dios y cuándo mitad hijo de puta...

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