No creo en una sola verdad… pero sí en vivirla hasta el fondo

Hay algo que siempre me ha pasado… y durante mucho tiempo pensé que era un problema.

Nunca he sabido “casarme” del todo con una sola cosa.
Nunca me ha salido creer de forma absoluta, entregarme a una única visión, a una única escuela, a un único Dios.

Y no es rebeldía.
Es que no creo en los fanatismos.

Pero tampoco creo en el “todo vale”.
Yo sí creo en la lógica.
Creo que hay estructuras profundas que se repiten, aunque cambien de nombre.
Y también veo algo muy claro en la vida y en las personas:

No todos necesitamos lo mismo para despertar.

Hay quien necesita orden.
Hay quien necesita fe.
Hay quien necesita experiencia directa.
Hay quien necesita romperlo todo para empezar.

Y todas esas vías, cuando las miras sin prejuicio… están intentando responder a lo mismo.

Hace tiempo leí Life of Pi.

Y hubo algo que me tocó.

El protagonista no puede elegir una sola religión.
Se siente llamado por varias a la vez.
Y no lo vive como un conflicto… sino como una búsqueda.

Esa incomodidad que genera en los demás… yo la he sentido muchas veces.
Esa pregunta implícita:
“¿Pero tú en qué crees de verdad?”

Cuando hablo de sincretismo, hablo de eso.

La palabra viene del griego synkretismós: syn (juntos) y Kretizein (actuar como los cretenses).
Plutarco la utilizó para describir cómo pueblos enfrentados se unían cuando algo mayor lo exigía.

Y eso… es lo que me ha pasado por dentro.

Yo no he mezclado caminos por capricho.
Los he mezclado porque uno solo no me alcanzaba.

He pasado por el dios de Baruch Spinoza, ese que no juzga, que simplemente es.
He sentido la estructura del demiurgo, esa inteligencia que ordena… pero también limita.
Me he dejado atravesar por Shiva y Shakti, por esa danza entre conciencia y energía.
Y trabajo con el eneagrama, con la cábala… con mapas que intentan decir lo que no se puede explicar del todo.

¿Es contradictorio?

Desde fuera puede parecerlo.
Desde dentro… empieza a tener coherencia.

Pero hay algo que quiero que entiendas, porque aquí está la diferencia.

Yo no voy saltando de una cosa a otra como quien prueba platos en un buffet.

Cuando entro en un camino… entro.

Cuando hago tantra, no lo hago a medias.
Lo vivo en toda su profundidad.
Respiro como propone, me muevo como propone, me dejo atravesar por lo que aparece.
No lo observo desde fuera… me meto dentro.

Y cuando estoy en el Cuarto Camino, hago lo mismo.
Sigo las pautas.
Respeto la estructura.
No me salto los rituales.

Al contrario.

Los organizo para que me trabajen, para que me descoloquen, para que me revelen algo que no veo.

Porque el ritual, bien usado, no es una forma vacía.
Es una tecnología para atravesar capas de automatismo.

Y si no te entregas… no te dice nada.

Por eso, para mí, el sincretismo no es superficialidad.

Es compromiso múltiple.
Es tener la capacidad de entrar en distintos lenguajes… sin traicionarlos, sin diluirlos, sin convertirlos en un híbrido descafeinado.

Y desde ahí, poco a poco, algo se va ordenando dentro.

No en la cabeza.
En la experiencia.

Y aquí entra algo que es clave, a nivel psicológico.

El ser humano necesita creer.

No por ingenuidad.
Por estructura.

Sin creencias, la mente no organiza la realidad.
Sin un marco, todo se vuelve ruido.

Pero creer no significa encerrarte.
Significa sostener algo el tiempo suficiente como para que te transforme.

Porque una creencia real no es una idea.
Es algo que has vivido.

No es esperanza.
Es experiencia.

Es tu cuerpo diciendo:
“Esto es verdad para mí… porque lo he atravesado.”

Y sí, luego eso cambia.
Debe cambiar.

Pero no porque te aburras…
sino porque has ido más profundo.

Al final, lo que me enseñó aquel libro no fue qué creer.

Fue algo mucho más incómodo:

Que hay distintas formas de contar la realidad…
y que eliges en función de lo que estás dispuesto a vivir.

Y entonces entendí algo muy simple:

Que la verdad no está solo en el sistema que eliges…
sino en cómo lo atraviesas.

Y que, en el fondo…

con Dios pasa lo mismo.

Ahora te lo dejo a ti, sin refugios:

¿en qué crees tú?

HOLA!, Soy el idiota que escribe esto...

Y quizás sea interesante o tal vez no, no lo sé; Ser o no ser... ese es el verdadero dilema. Este es un espacio para soltarme, un lugar donde dejo fluir mis ideas más disparatadas, donde me entrego a la procrastinación del cuerpo y al impulso mental de vomitar públicamente, para exorcizarme y, quién sabe, quizá también para exorcizar a otros. Ser humano es más complejo de lo que parece, porque hay que saber cuándo soltarse y cuándo atarse. ¿Cuándo cada cosa? Ahí radica la verdadera cuestión. A ojo de buen cubero, diría que ese es el dilema: cuándo ser mitad hijo de Dios y cuándo mitad hijo de puta...

ÚNETE A MIS REFLEXIONES SEMANALES.

Newsletter

Suscríbete a mis reflexiones semanales

Creado por Gerard Castelló Duran con © systeme.io