Detrás de la atención va la energía


Hace años escuché a un maestro de Tantra que hablaba de la Intención, que detrás de la intención se dirige la energía. Decía que lo importante era tener y crear una intención, una intención que se vuelva creativa. Bien, no creo en la creación de nada sino en el redescubrimiento de lo manifestado en nosotros. Creo que la intención no es suficiente para generar creación y mucho menos para hacer que la energía le siga. Es como echar un puñado de semillas en el suelo o ni siquiera eso; esperar a que germinen mirando el saco de semillas cómodamente colocado en la tienda de semillas, esperando que la atención se convierta en acción para que haya un verdadera transformación de las semillas en plantas vivas.

A ese respecto creo que la intención puede ser el más grande de los engaños. Descubrir nuestra intención real es sumamente complicado y requiere de un profundo estado de observación de nosotros mismos. Siempre hay una intención viva en nosotros que nos hace estar o no estar, ir hacia un sitio o por el contrario quedarnos quietos. Siempre la intención está en constante proyección dentro de nosotros. La mente apoya en ideas las intenciones neuróticas que el inconsciente propone para aliviar sus carencias. Intenciones que son traducidas por la mente en ideas y patrones repetitivos que si bien nos proporcionan una mezquina satisfacción, no menguan la verdadera frustración. Pues la comunicación entre el consciente y el inconsciente es comparable a la comunicación común de una pareja de seres humanos que buscan la pura autosatisfacción y esperan que llegue por parte de su “media naranja”.


Así pues no es de extrañar que tengamos muchas intenciones pero que no nos lleven a la plenitud anhelada, sino que nos ofrezcan la simple posibilidad de seguir “mordiéndonos el rabo”. En una constante búsqueda de la zanahoria perseguida por los burros. Así que todo aquel que crea saber cuales son sus verdaderas intenciones, sin haber pasado por un trabajo de observación de sí profundo, una disciplina férrea y una constante contrastación del exterior con el interior, no está sabiendo con certeza cuales son sus verdaderas intenciones. Así que esto nos deja en una posición muy poco saludable para el acercamiento a nuestra esencia. Sí, puede que durante unos segundos nos digamos a modo de mantra “Quiero abrirme para contactar con mi pareja” pero una intención constante, repetitiva y profunda sigue diciendo dentro de ti “Si te abres te van a hacer daño” es decir, la intención de este espécimen en cuestión no es la de apertura, sino la de miedo a ella, y cuanto más trate de abrirse más argumentos irá recopilando para constatar su intención interna y reforzarla.


¿Y la Atención? Eso es muy distinto, la atención es totalmente activa, la atención es el hacer de la intención, es decir: si quieres saber qué intención tienes trata de saber a que le das atención. Así pues la atención es la manifestación de la intención. La intención es absolutamente interna y a través de la atención simplemente podemos indagar en qué estamos ocupando nuestra intención. Pero, al ser algo activo, algo que precisa de una voluntad aunque sea mínima (una voluntad neurótica también nos sirve) es algo que “puede” ser modificado.


En resumidas cuentas el trabajo está en cambiar activamente la atención. Esto es sumamente difícil y tiene sus riesgos, pero no hay cambio que no se exponga a riesgos. Así pues, traten amigos de proponerse una atención activa. Bien el tema es complejo y muy extenso, pudiéndose profundizar en él y sacarle punta hasta la saciedad. Ahora simplemente propongo un “test”: Delante del espejo, un espejo lo más grande posible, a poder ser de cuerpo entero. Véanse, obsérvense por el espacio de 2 minutos, traten de observar sus detalles, sus formas. Notarán que el cuerpo está demasiado oculto por tejido, desnúdense, obsérvense tal cual son, simplemente, sin ningún elemento embellecedor o camuflador, simplemente obsérvense atentamente, el conjunto de la piel, los brazos, el rostro. Fíjense en detalles. Pongan ATENCIÓN en observarse sin juicio. Y observen dónde va la atención. Puede que la atención esté en que tiene los pómulos demasiado salidos, o en que se encuentra con sobrepeso o bajito, o que se siente un ser asqueroso, lleno de puntos de grasa. O bien puede observar sus pechos recién operados y alardear de lo perfectos que son o enorgullecerse del poderoso lingam que cuelga pellejo patas abajo. Apreciaciones que provienen de ideas, de pensamientos, emociones. Sea como sea percepciones personales de la "realidad".

Y luego dígase a si mismo “no soy más que un pedazo de carne”, tu cuerpo es tu templo, aunque quizás no es el templo que desearía tener, pero es el “único” templo que va a tener de él. No buscamos la perfección, sino que buscamos la sacralización en la imperfección. Así, la máxima de la esencia de mis talleres de tantra toma un cariz liberador a la vez que castrador de sueños neuróticos “Todo lo que es real está bien”. ¿Le es posible dejar de proyectarse en el futuro? ¿puede verse en el aquí y el ahora como el único instante real? La atención en el presente nos dará presencia, la atención el lo más tangible (el cuerpo) nos dará verdad. No importa si no es lo que esperamos, lo importante es que “Es”. Amarse a uno mismo en lo que uno És podría ser eso.

Y quizás, detrás de esa Atención vendrá la Intención y de allí la energía, la energía de estar en el momento presente, de vivir el día a día como retazos de la única realidad. No es fácil, ya que el mecanismo se defiende de un momento presente que le ha sido incapaz de aceptar. Ahora, como seres adultos nos toca vivir aquello que hemos ido dejando a un lado en pos de una invención idealizada de un futuro mejor o peor, para no asumir el momento presente.

©2020 Gerard Castelló Duran

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