El abrazo tántrico (parte 1)

Sentado en la cafetería Zurich de la plaza de Catalunya en Barcelona, me entusiasmo observando a la gente que usa ese punto geográfico como lugar de encuentro. La fauna urbana, de infinidad de hermosos colores, se da cita en ese pequeño triángulo y se acontecen encuentros físico-emocionales que me son muy interesantes de ver y catalogar. Me refiero a los abrazos.


El trabajo tántrico de la aceptación e integración del todo en nosotros, determina nuestro estado hacia los demás. Muchas veces, con sencillos ejercicios, mediante actos simbólicos, se consigue un resultado efectivo liberador, llevando zonas estancadas hacia estados de fluidez y aceptación espontáneas.


Uno de esos ejercicios es el abrazo tántrico. Ejercicio que parece sencillo, es sencillo, pero realizarlo implica una capacidad de aceptación sobre el propio cuerpo y el del compañero y una entrega liberada de tabúes, que pocas veces encontramos en un abrazo "normal".


Paso a describir un abrazo normal o lo que hemos llamado un abrazo "estándar" es decir, de los comunes, los de toda la vida, los aprendidos, los formales, en fin, el abrazo común.

ABRAZO ESTÁNDAR

Suele ser anunciado con antelación, los que van a realizar el abrazo levantan los brazos en señal de "voy a abrazarte", normalmente con alguna que otra mueca de sonrisa de "es sólo un abrazo". A veces, más buscado por uno que por otro. En la mayoría de los casos hay un pasivo y un activo. Uno puede dar golpecitos en la espalda, en pequeñas sacudidas para "llenar el vacío", el otro puede aceptar ese meneo hasta que le toque el turno a él, que puede aprovechar, bien para expresar algo ingenioso como "¡cuánto tiempo!" o para mover las manos de alguna que otra manera, que puede ir o no acompañada con la cabeza o el pecho.


Los objetivos principales son entrar en la zona íntima, a la que nos obliga el abrazo, tratando de ser "respetuosos" con el espacio de los demás para que así respeten el nuestro. Suele ser usado, muchas veces, sólo como un símbolo social que debe respetarse y saber en qué zonas, de qué formas y a quién dar.


A lo largo del tiempo, y sobre todo dependiendo del ser humano que los dé, estos abrazos estándar adquieren diferentes tonalidades, que es bueno enumerar y catalogar como subespecies de la familia del abrazo estándar. Hay expertos (entre los que me cuento) capaces de saber qué tipo de relación hay entre el abrazado y el abrazador y qué tipo de relación hay con uno mismo, bien sobre el propio cuerpo o por otras variantes de tono emocional sensitivo. En consulta de psicoterapia, una vez pasamos del protocolario apretón de manos y nos adentramos en la zona de los abrazos, éstos pueden proporcionarnos informaciones muy interesantes de cómo está nuestro paciente, cómo está en relación a nosotros, cómo estamos nosotros en relación a él y cómo está el paciente en relación a si mismo, sobre todo en lo que se refiere a la zona emocional-sensitiva.


Una de las claves para reconocer un abrazo estándar, es mantener la zona del abdomen o de cintura hacia abajo sin contacto con el compañero, a veces las piernas pueden generar un cierto roce. Esto se agrava ¡como no! con ser humanos masculinos heterosexuales. Otra clave para reconocer un abrazo de este tipo es no entrar con la mirada dentro de la zona íntima, esto sería una distancia entre los ojos de unos 25 centímetros. Igualmente, conviene destacar que la mayoría de los abrazos estándar no incorporan el cuello "abrazando" la cabeza del abrazado.


He catalogado 5 clases se abrazos estándar, ¡hay muchos más! pero podríamos decir que son mutaciones de estos 5 básicos aunque, si alguno de vosotros puede aportar otra observación de abrazos tipo, le estaré agradecido. De todas maneras, hay que recordar que hay tantos abrazos como personas y que todos están vinculados al sujeto que los da, por lo que las variantes son sabrosamente infinitas y nos permiten muchas observaciones interesantes.

El abrazo OSO

Una aproximación gutural, al parecer más dado entre hombres fornidos, donde el acercamiento es vehemente y realizado con contundencia. Las zarpas aprisionan al oponente… perdón, al compañero y hay una breve pero intensa lucha sobre quién aprisiona con más grandiosidad.


El abrazo CAMPANA

El abrazo campana suele ser dado por aquell@s que tienen "miedo a quedarse embarazad@s o dejar embarazad@s por un abrazo con demasiado contacto". Una vez abrazadas, las dos figuras describen una hermosa campana con sus culos arqueándose graciosamente hacia atrás, pues se separan ante el miedo de un posible y fortuito contacto, casual (o no), con la zona pélvica del compañero. Es una abrazo que tiene su mayor manifestación con la expresión "¡que corra el aire!"


El abrazo QUITA POLVO

Como su nombre indica, es un abrazo que trata de aprovechar el tiempo cuando se está acometiendo el mismo, así que, una vez entrelazados, se propinan golpecitos, como cuando uno saca el polvo de unos cojines. Suelen ser al unísono y con las dos manos a la vez, fantástica, normalmente, la sincronía. Además suele ir acompañado por algunos monosílabos inconexos, ya que también son al unísono, cosas como "qué bien… que … yo también". Le podríamos llamar un abrazo afectivo, pero en el que se está en zona de incomodidad. Suele ser dado por hombres que, si bien sienten cierta amistad, no se sienten cómodos con el acercamiento, por lo que tratan de hacerlo corto y “afectivo”. Aunque para ello empleen la clásica táctica de "haz como si", es decir, tratar de hacer como que "no pasa nada".


El abrazo BALANCÍN

Hay una breve interacción previa sobre quién toma la zona de la derecha o la de la izquierda del centro del abrazo, una vez decidido (debe ser rápido y a veces es simplemente azaroso), se rodea con los brazos la espalda del compañero y en un intento de apretar en señal de aprecio, se empieza un vaivén frenético, normalmente hacia los lados y a veces acompañado de un sonido como "…ayhyhyhy…" como que ocasiona mucha "ilu" el encuentro. Suele ser un abrazo mayoritariamente femenino.


El abrazo PARLANTE

Es uno de los más comunes entre la fauna urbana, dispuesta a darle al pico con tal de no darle al corazón. Consiste en un abrazo, al parecer afectivo y despreocupado, formal y siempre resultón, que no acaba de ser un abrazo campana, tampoco uno quita polvo, aunque suele tener de ambos, pero en menor medida. Lo que distingue al abrazo parlante es su incapacidad de mantener una pausa para que se haga el silencio y escuchar, como quien no quiere la cosa, tal vez ,algún que otro latido del corazón. El abrazo parlante es formal, rápido y aprovechando el tiempo, por lo que se suelen empezar triviales conversaciones en medio del ejercicio de acercamiento abrazador: "¿Cómo estás?, yo muy bien, ¿Qué tal los niños?, ¿todo bien?, ¡te veo estupendo!, ¿Qué tal el viaje?, si, aquí también ocurre lo mismo, malditos trenes de mierda"... Son algunas de las frases, terriblemente ingeniosas, que el abrazo parlante promueve. Sería algo así como "si hay que abrazarse se abraza uno pero haciendo otra cosa mientras tanto". Suele ser dado por muchos ciudadanos que quieren poner en sus saludos un toque de apertura y acercamiento, como para que se note que no sólo son máquinas de trabajo insensibles y racionales, sino que también pueden calcular un buen abrazo afectivo, rápido, y… "¡al grano!".


En resumen, un acto que podría resultar de una enorme belleza, acaba siendo un simple complemento social vacío y llevado a la manipulación, hasta despojarlo del verdadero poder de un acercamiento físico desde la afectividad, el cariño, el respeto y la admiración. A pesar de lo gracioso del espectáculo, que a veces veo sentado en cafeterías y observando a la gente "abrazarse", pienso que en lugar de eso, ser sinceros y darse un buen apretón de manos sería más que suficiente, en lugar de un abrazo desprovisto de sentimiento.


Dada la "magnitud" del asunto de los abrazos he decidido hacer esta entrega en dos partes, la segunda etapa de este artículo, la que se centra en cómo es y cómo se da un amoroso abrazo tántrico, la publicaré el próximo martes, si Dios quiere. Sólo a modo de ejemplo, quisiera hacer notar la capacidad del ser humano para huir de si mismo para luego decir que es a si mismo a quien busca huyendo de si mismo. Actos tan sencillos como un abrazo pueden reflejar la visión que tenemos de nuestra entrega hacia la sinceridad de la vida, de las emociones y de la manifestación de nuestro ser. A veces consideramos que estamos comprometidos con una parte profunda de nosotros y que no tenemos ninguna “vergüenza” de mostrarnos y ser la manifestación amorosa, que deseamos ver en el mundo, pero mediante sencillos ejercicios de observación, como éste de tratar de poner atención en cómo nos abrazamos, podemos tener una visión más real de nuestro compromiso. Puede que, en lugar de clamar al cielo por la falta de amor en el mundo, podamos hacer algo para remediar eso. Como decía Gandhi: “Si quieres que el mundo cambie, sé tú el cambio que quieres ver en el mundo”.

Para terminar quisiera hacer notar en este post algo sencillo: Cuando preguntas "¿qué tal estás?" en un encuentro ¿Qué grado de profundidad hay en esa descomunal pregunta? Lo mismo sucede con los abrazos y con infinidad de cosas que hacemos durante el día y como consecuencia en la vida entera.

©2020 Gerard Castelló Duran

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