El abrazo Tántrico (parte 2)

No es que sea un abrazo escrito en los Upanishads ni tampoco un ritual que, de generación en generación, los gurus tántricos hayan querido mantener y preservar de la tradicional destrucción de los occidentales. No, el abrazo tántrico es un simple abrazo "bien hecho", un ABRAZO. En tantra no negamos nada por encima de nada, así como tampoco somos partidarios de nada por encima de nada, sólo de las cosas tal y como son, es decir, en toda su esencia. Por lo tanto, somos unos fervientes buscadores de la genuinidad y la verdadera espontaneidad del impulso interno. Para ello trabajamos duro, a través de rituales, meditaciones activas, ejercicios y un estado de constante recuerdo de sí que, aunque es difícil de conseguir, es a su vez necesario para encontrar el ser genuino en nosotros.


Cuando hablamos de la genuinidad, nos referimos a que todo acto realizado por los de nuestra especie, tiene que ser llevado a cabo con la totalidad de nuestra forma, es decir, desde el estado mental, el emocional y el físico. Y por consiguiente, uniendo esos tres centros conseguimos un cuarto, la espiritualidad auténtica, la esencia, la llama interna o cuantos nombres pueda tener la "chispa divina".


Por lo tanto, un abrazo tántrico es un abrazo hecho desde la emoción, el cuerpo y la razón, es decir, nos predisponemos con esas tres formas a ser capaces de abrazar a través de la esencia de nuestro ser.


Esto tiene, claro está, sus ejemplos prácticos que pueden llevarnos a una observación de nuestros centros y a un trabajo para que "estén" en el abrazo. Al ser el abrazo un acto físico que implica sensación y en segundo lugar emoción, serán estos los sentidos que normalmente anularemos para hacer un abrazo, ya que estar abierto a ellos es estar sensible a ellos, en definitiva mostrarse.


Como lo de mostrarnos tal cual somos (no desde el estereotipado carácter que nos hemos forjado durante años, sino TAL CUAL SOMOS), desde la verdad más profunda de nosotros, es algo que muy pocas veces hacemos y, de ser así, lo hacemos en espacios de "mucha" seguridad. Está claro que desde el abrazo trivial no nos resultará nada fácil abrirnos a abrazar con los tres centros y mucho menos sin saber cuál es el estado de apertura de nuestro compañero. Por lo que ese estado de incertidumbre nos obliga a buscar el "estándar" algo simplemente formalista, para no entrar en más profundidad, así ponemos también la pauta de que no traten de entrar a más profundidad.


La verdadera apertura implica, tanto abrirse para dar como abrirse para recibir. Es decir, hay falsas aperturas, a las que algunos humanos se acostumbran a considerar aperturas amorosas, donde simplemente hay una actitud dadora, pero ninguna actitud receptiva. Lo mismo puede suceder a la inversa, seres humanos que se abren para recibir, sin ser capaces de dar ni lo que son, ni lo que reciben. Esas falsas aperturas podemos llamarlas "excesiva consideración onanista".


TÉCNICA DEL ABRAZO TÁNTRICO.


Abordaremos el abrazo tántrico, en primer lugar, desde dos sujetos que previamente están dispuestos a experimentar el abrazo completo.


De entrada, siempre hay un acercamiento visual, el primer encuentro es con la mirada, un "abrazo visual" Ese "abrazo visual" es importante, ya que determina la actitud del posterior abrazo. Hasta que no haya una actitud de verdadera apertura, es mejor no seguir el proceso del abrazo tántrico.


Ya simplemente este ejercicio es enormemente sanador, puesto que implica aprender a dejarse a un lado y buscar de forma consciente una apertura para un encuentro a corazón abierto.


El siguiente paso es el acercamiento, entrando sin duda y ya llenos de apertura a un deseado encuentro corporal, una manifestación física de apertura emocional. El abrazo es una consecuencia espontánea de la unión de dos almas en un determinado momento, sobre todo al revelarse la similitud. Es decir, sentir al otro como nuestro "hermano", un ser igual, que sufre lo mismo que yo, busca lo mismo que yo y anhela ser amado lo mismo que yo.


Eso sucede siempre de forma espontánea. Una vez encontrada la unión de miradas y creado el vínculo emocional es el cuerpo el que desea un contacto sensitivo, es una manifestación de cariño en un lenguaje que en palabras sería "Te veo en mí y me reconozco en ti".


El abrazo tántrico no tiene miedo de los tabúes, ni de las "ideas", ni de las interpretaciones del abrazo. Simplemente ABRAZA. Eso implica que el acercamiento corporal se hace de forma profunda y amorosa. El cuerpo trata de entrar en contacto con todas las zonas, no hay unas mejores que otras, "todas" las zonas del cuerpo son sensitivas y transmiten el reconocimiento. Así pues, zonas que han sido siempre separadas de un abrazo, como son la zona del vientre, el pubis o las piernas, entran en contacto cálido y se transmiten el respeto y la emoción de "sentirse".


Un abrazo tántrico no se hace con reloj, el tiempo es indeterminado, es tanto como necesite la sensación. Siempre es mutuo, a veces hay cuerpos que necesitan dar o recibir más, en estos casos un tántrico se siente feliz de poder dar o recibir la esencia del "hermano". En un abrazo tántrico no hay sexos, no hay formalismos, no hay convencionalismos. La cabeza suele reposar amorosamente en el hombro de nuestro compañero y el aliento suele ser exhalado por la boca hacia la nuca o cuello del compañero.


Y uno se relaja, se deja caer un poco sobre el otro dejando que el otro haga lo propio. Es un "nos sostenemos y nos dejamos sostener".


El alejamiento se hace suave, en la misma forma con que se ha ido al abrazo, tras un reconocer/reconocerse. Lo último es la mirada, agradecida, reconocida.


Me gusta llamarlo la oración del cuerpo, pues a un acto de trivialidad le devolvemos la sacralidad y le damos la oportunidad de ser un "contactador esencial", contactar con nosotros a través del contacto con el otro, con algo tan sencillo, tan suave y tan "normal" como un abrazo.


El abrazo tántrico también tiene muchos sub-abrazos, algunos más intensos, otros mas suaves, otros más profundos o incluso muchos ligeros, alegres y desenfadados. Y en todos está la premisa esencial - Ser y estar uno mismo en el abrazo -.


Una vez profundizada la técnica y practicado con asiduidad con compañeros que se prestan a este tipo de abrazos, podremos explorar las selvas urbanas y asaltar a algún nuevo "compartidor del tiempo" con un abrazo tántrico cuando nos ofrecen un abrazo "normal".


Recuerda, a veces es mejor dar la mano en lugar de dar un abrazo demasiado cargado de convencionalismos.


Recuerda, hay que ser muy humano para ser humano.


Un abrazo tántrico.

©2020 Gerard Castelló Duran

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