El cuento del yogui tántrico

Un cuento suave para este viernes soleado, habla de la polaridad sexual; la capacidad de unir el masculino y el femenino internos, ¿Cómo podemos pretender entendernos entre hombres y mujeres si nuestras polaridades internas están en constante conflicto? La vida está llena del masculino y femenino, está por todas partes, nos rodea, nos acoge y nos protege. La vida se crea a través del masculino y el femenino en una danza integrativa en la que se funde el mismo universo para generar cualquier tipo de vida.


Erase una vez un yogui abstinente que había aprendido a canalizar todas sus energías sexuales hacia el desarrollo espiritual. Vivía en una casita a las afueras del pueblo y era frecuentemente requerido por devotos, que le reclamaban instrucción mística. Cierto día, un grupo de buscadores lo visitaron y le expusieron la siguiente cuestión.

-Maestro, nos preguntamos cómo puedes asumir tan fácilmente tu soledad, cómo no echas de menos a una mujer que te acompañe y te sirva de apoyo y consuelo.

-Nunca estoy solo, os lo aseguro -repuso el yogui-. Yo soy hombre y mujer. He logrado unificar en mí ambas polaridades y jamás podré ya sentirme solo. Me siento pleno y siempre acompañado. Cuando, por ejemplo, me acojo en mis emociones, las cuido, las respeto y las valoro, soy mujer y cuando me enfrento a mis miedos o decido pasar a la acción, soy hombre. Según la tarea que lleve a cabo, me siento hombre o mujer, pero en verdad no soy ni lo uno ni lo otro, porque soy ambos a la vez.


El masculino encontrará la paz cuando esté en paz con su femenino y el femenino encontrará la fuerza cuando esté en posesión de su masculino interno. Así, en Tantra se habla de la danza cósmica entre Shiva (principio masculino) y Shakti (principio femenino) la danza de los opuestos, la danza del día y la noche, la danza del cielo y la tierra. No es una lucha de poder, es una danza deliciosa donde cada polaridad aporta sus propiedades y en una unión, en una fusión del anhelo profundo de "estar" en el otro, es cuando la vida es posible. Es sólo en ese momento cuando nos sentimos seres completos ,"vivos", resplandecientes. En nosotros ha reinado la paz porque la guerra, se ha convertido en espontánea danza, en una mezcla receptiva de la fuerza, la sensualidad, la emoción, la energía y el amor. Es sólo en esos instante de integración de las luces y las sombras que podemos decir: Yo Soy.

©2020 Gerard Castelló Duran

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