En íntima comunión

¿Cómo avanzar y mantener una relación de pareja espiritualmente erótica, sexualmente profunda y apasionadamente comprometida con el amor?


La comunión íntima propone la aceptación de la vida física y del camino espiritual, honrándose ambas dimensiones y transformándolas en una. Vivir estos dos aspectos en equilibrio es un poder que todos tenemos y crear una relación a corazón abierto es la manera más directa de llegar a esta maestría.


Cuando un hombre y una mujer se abrazan plenamente, sin protegerse ni contenerse, se transmiten naturalmente el uno al otro el éxtasis de la fuerza de la energía sexual, del amor y de la unidad. Al principio de muchas relaciones íntimas, esta transmisión bendice el cuerpo, rinde el corazón y hace estallar la mente. Pero, con el paso del tiempo, muchas relaciones se apagan o se convierten, como mucho, en una amistad amorosa entre dos personas que desearían algo más profundo: una unión sexual, una devoción y una comprensión más profundas.

Muchos de nosotros hemos descubierto que no hallaremos esto en ninguna persona concreta de la que podamos “adueñarnos” o depender como hacían nuestros abuelos. Tampoco lo encontraremos en una relación cuidadosamente estructurada “al estilo moderno” basada en la independencia y la equidad.

Podemos avanzar otro paso (más allá de la independencia personal y de una sana autoestima) que nos permita por fin bajar la guardia en el amor íntimo y relajarnos profundamente en nuestra natural esencia sexual, un paso que nos lleve más allá de la dominación masculina, más allá del feminismo idealista y más allá de las relaciones seguras pero tibias, un paso hacia delante sin perder el terreno ganado, hacia la pasión del corazón y la vitalidad espiritual en la relación íntima moderna.

Los esfuerzos hacia la igualdad económica y social entre hombres y mujeres han sido necesarios y enormemente beneficiosos, pero este bienintencionado movimiento ha traído efectos secundarios con los que no contábamos: inadvertidamente, hombres y mujeres están más neutralizados sexualmente. Estamos restringiendo la plenitud de las fuerzas masculinas y femeninas que residen en nosotros.

Muchas mujeres modernas han tenido que encubrir la expresión única y natural de su “radiante feminidad” a fin de tener éxito en el mundo económico moderno, de orientación marcadamente masculina. Y muchos hombres modernos, estancados en un vago punto de transición entre los viejos modelos de masculinidad y las nuevas identidades, se han vuelto esencialmente ambiguos, incapaces de estar plenamente presentes y con confianza en sus relaciones y en sus vidas.

En lugar de celebrar las atractivas diferencias entre las cualidades masculinas y femeninas que cada uno tenemos, se ha empezado a negar que haya diferencia. Algunos parecen creer que, en términos de las energías masculina y femenina inherentes, todos somos iguales.

Es normal apoyar la igualdad económica, política y social entre sexos, pero, también podemos reconocer algunas de las principales quejas de los hombres y las mujeres en sus relaciones.

Las mujeres se quejan de que los hombres se están volviendo más débiles, menos comprometidos con sus relaciones y, de que parecen estar perdidos en sus vidas. En resumen, las mujeres se preguntan por qué los hombres son tan "afeminados".

Los hombres se quejan de que las mujeres se están endureciendo, son más resistentes e independientes, hasta el punto de resultarles poco atractivas. En resumen, los hombres se preguntan por qué las mujeres actuales son tan "tocapelotas".

En nombre de la seguridad económica y emocional, muchos hemos desarrollado una concha protectora que esconde nuestros dones originales. Por temor a ser demasiado vulnerables o dependientes, las mujeres han perdido la confianza en sus dones femeninos naturales de entrega y han preferido asumir una postura más agresiva o independiente. Por temor a tener un estilo machista e insensible, los hombres han perdido la confianza en sus dones masculinos naturales y, al hacerlo, han perdido contacto con su verdadera dirección en la vida y tienen miedo de asumir posturas fuertes en las relaciones íntimas y en el mundo.

Hombres y mujeres están llenos de hermosos dones masculinos y femeninos que temen compartir y son reacios a expresar plenamente sus propios deseos reales en la relación: deseos sexuales, emocionales o espirituales.

No hay motivo para seguir siendo mediocres en nuestras relaciones íntimas. Si estás dispuest@ a dar tu verdadero don y a expresar tus auténticos deseos, puedes crear una buena relación íntima, momento a momento. La comunión íntima es algo que haces, no algo que tienes. Es una práctica continuada de unión sexual, apertura emocional y confianza espiritual. Es una práctica del amor. En comunión íntima, podemos entender las etapas de la relación por las que ya hemos pasado y las que nos quedan por delante. Podemos honrar y tomarnos con humor las sugerentes, y potencialmente frustrantes, diferencias entre las maneras de amar masculina y femenina. Y podemos abordar los tabúes que nos atraen secretamente en el terreno amoroso, para que la profundidad de nuestro éxtasis en la unión no quede limitado por los “debería” y “no debería” de nuestra época. La comunión íntima tiene que ver con abrir nuestros corazones y ofrecer los dones únicos que residen en lo profundo, en nuestra esencia sexual, emocional y espiritual.

©2020 Gerard Castelló Duran

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