Las tres intenciones

En mis trabajos terapéuticos, tanto online como presenciales, nada más empezar, hacemos un pequeño centramiento y pregunto -”¿por qué estás aquí?”- y aclaro -"recuerda que hay una intención aparente, una intención real y una intención profunda".


Muchos de mis pacientes deben pensar: "ok, la intención aparente es porque quiero estar mejor con mi pareja o en el trabajo, la intención real es que simplemente no estoy a gusto con mi vida, quiero orientarla y no tengo fuerza de voluntad para ello, y la intención profunda… que en el fondo todo está bien, que soy un ser lleno de luz y que si me diera cuenta de ello todo lo que deseo sería cumplido".


Ahí está la verdadera dificultad del trabajo sobre uno mismo, ahí es donde basamos nuestro error y convertimos nuestra vida en un intento de Ser en lugar de enfocarnos en Estar para, en consecuencia, Ser.


El trabajo sobre uno mismo no puede empezar tratando de acumular conocimiento en cantidades enormes, encontrarnos y leernos hermosos libros que nos hablan de luz, de seres Crísticos, de los niños Índigo y cosas así que no hacen más que evidenciar nuestro fracaso.


Aprender a responder las tres preguntas que suelo formular en terapia es sumamente importante para darnos cuenta desde dónde tratamos de avanzar.



La intención aparente es aquello que nos impulsa a ir a terapia, problemas relacionados siempre con las relaciones: relaciones con nosotros mismos y/o relaciones con los demás, siempre relaciones, siempre una manera de involucrar el interior y el exterior. La relación entre el interno y el externo, siempre tratando de acomodar el interno al externo. Y eso puede tener infinidad de tintes. Es una búsqueda por alcanzar el Yo Ideal. Un yo ideal impuesto por nuestro entorno inmediato, a pesar de creernos genuinos y con una sana intención de mejorar. El juego con el Yo Ideal es muy interesante. Este juego provoca un abaratamiento de "necesidad de evolución", que muchos terapeutas aprovechan para embolsarse algún dinero, simplemente diciéndoles que "Sí", que pueden lograr alcanzar el yo ideal. Eso hace que se mantengan los pacientes atareados con un montón de "cosas que retocar". Así, una terapia se puede convertir en interminable, cosa que no desagrada a los bolsillos de un "duermesanos".

  • La intención aparente está ligada al padre, a la direccionalidad, a "hacer para ser".

  • Ligado a la idea de nosotros y nuestra necesidad mental de sobreponernos a nosotros.

  • Verse implica siempre ver las partes "negativas" que nos alejan del yo ideal.

  • Trabaja con la "ilusión" y, sobre todo, con la "esperanza", uno de los objetivos es tratar de mantener una esperanza mental acerca de que seremos capaces de conseguir alcanzar el Yo Ideal.

  • Ligado siempre a la visión exterior, a la imagen que tiene uno mismo de si mismo y la imagen que muestra.

  • Es la necesidad neurótica de que alcanzando el yo ideal seremos merecedores de amor.

Impulso dominante: HACER Imagen: Juez


Situado en el triángulo interno del eneagrama, en el ala izquierda (derecha si fuéramos el eneagrama)

La intención real suele ser motivada por nuestra siempre incansable necesidad de obtener atención exterior. No importa la forma, cada uno transmite esa necesidad en infinidad de formas, pero siempre es la necesidad de atención. La atención ha sido para nosotros más importante que el amor, ya que el amor fue relegado al olvido hace mucho tiempo. El amor conlleva consigo el verse y verse acarrea sufrimiento, por lo tanto hemos dejado a un lado esa búsqueda y simplemente buscamos la atención. La atención (que supuestamente deberían darnos papá y mamá) que nos podría asegurar la supervivencia y la nutrición. Somos seres que necesitamos de otros seres para vivir. Tenemos la neurótica necesidad de volver al útero materno, ese espacio calentito donde nada hay que hacer sólo estar y que la nutrición y todo lo demás venga "del cielo". Es un ideal profundo. Por debajo del yo ideal, está la necesidad no cubierta y, como hambrientos, vamos en busca de lo perdido, lo olvidado. Es la parte que desea "no vivir" sino volver al estado embrionario y si para ello hay que sufrir un tiempo… pues se sufre, a cambio de la paz eterna. A cambio de llegar a "un descanso", de llegar a ese espacio donde ya nada deberás temer y nada deberás hacer. Todo será dado. Este concepto muy integrado en la figura de "el cielo para los buenos".

  • Es la intención del hijo. Intención sencilla.

  • Se utiliza la intención aparente para conseguir la intención real.

  • Ligada al instinto y la necesidad de "estar cómodo" a gusto.

  • Acomodar el exterior a las necesidades interiores.

  • Centrado en el yo interno. Las propias necesidades.

  • Trabaja con la idea loca de que el mundo es el reflejo de uno mismo.

  • La necesidad de volver al útero materno.

  • Llevado a la pasividad.

Impulso dominante: ESTAR Imagen: Niño


En el eneagrama situaremos este concepto en el triángulo central, en la punta de arriba.


La intención profunda. Es la que se presenta en lo profundo de nosotros, la verdad desnuda. Muchas veces es una verdad dolorosa, ya que estamos llenos de conceptos sobre lo que debemos o no debemos ser y que, de alguna manera, determinan las otras dos intenciones, la Real y la Aparente. Aprender a encontrar la intención profunda es un trabajo arduo ya que nos llevará a las profundidades donde emergerán juicios, resentimientos y, sobre todo, sufrimiento. Ahí es donde empieza el trabajo de sanación sobre uno mismo, aprender a "verse". No se trata de una valoración de lo que somos. Ni de un acercamiento material (intención aparente) ni de un acercamiento espiritual (intención real) sino una intención desnuda, liberada de la etiqueta. Habría mucho que hablar de la intención profunda pero es simplemente "verse", ni ver sólo el yo ideal ni ver el yo real sino las dos cosas a la vez, siendo un tercer punto por encima de ello.


Sería el lado materno de uno mismo, la capacidad de ser madre de si mismo. Ligado al Espíritu Santo y al centro emocional. El trabajo es aprender a ser madre de si mismo, volver a cultivar el verdadero concepto de la religión, el "religare" volver a ligar el instinto y la mente. Aprender a bajar a las profundidades sin tratar de retocar nada, ni ahora ni nunca. Sólo tratar de verse, no sucumbir al impulso paternal de "hacer para mejorar" ni al impulso infantil "esconderse para estar" sino simplemente seguir profundizando en uno mismo.


No hay nada que "retocar" no hay nada que hacer. Tampoco hay ningún sitio donde estar. Esto es un viaje y somos peregrinos en tierra extraña. La vida es un camino. Descansa a la sombra de un árbol, pero esa sombra no debe convertirse en tu morada. El mundo no es tuyo, eres un pasajero por ti mismo.


Encontrar y reconocer la intención profunda es un "trabajazo". El tiempo es siempre escaso y nos liamos con tonterías, siempre atareados tras sueños locos o tratando de tenerlos. Perder la esperanza es el principal empeño que debemos hacer en la búsqueda de nosotros mismos. Nada puedes hacer por ti.

  • Perpetua búsqueda de encuentro y desencuentro.

  • Perpetua sensación de pertenecer al centro del huracán.

  • La presencia en el sufrimiento.

  • La sensación de la muerte inminente.

  • En lugar de ser "demandador", convertirse en "mayordomo".

  • La expresión verdadera de la emoción genuina.

  • Ligado a la Madre y las cualidades maternales.

Impulso dominante: SER Imagen: Adulto


Situada en el triángulo, en la parte derecha (izquierda si fuéramos… que lo somos, el eneagrama)



El trabajo de buscar al intención profunda funciona como neutralizador de las dos otras formas de desarrollo, es decir, genera un equilibrio. Automáticamente la intención aparente y la intención real se comunican y se estabilizan.


Al final, el trabajo acaba siendo el de convertirse en madre universal de si mismo. Un trabajo nada fácil. Pero, a pesar de no ser un trabajo muy esperanzador, a pesar de no darnos alternativas y de obligarnos a pasar por nuestras sombras y habitar en ellas, este proceso es realmente liberador.


A veces tenemos tanto miedo a vernos que sucumbimos y desviamos nuestra atención hacia otros parajes que, a golpe de promesas y esperanzas, se nos antojan mucho mejores y, sobre todo, menos dolorosos (algo así ocurre con el mundo de la política y la publicidad) y, de promesa en promesa, vamos gastando nuestra vida en un incansable “cuando consiga lo que deseo seré feliz”.


La huida del dolor es lo que nos lleva al sufrimiento.

No nos vemos, nos especulamos. Nos mantenemos en una constante “preparación” para vivir, o nos quedamos en una aletargada inconsciencia, en lugar de tratar de "verse" Ver-Ser.

©2020 Gerard Castelló Duran

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