Los tres centros en el eneagrama

El eneagrama es una herramienta y, como tal, precisa de unas buenas manos que la empuñen para que se convierta en una "herramienta útil". De no ser así, este elemento eneagrámico puede ser una verdadero caos y confusión, que será utilizado por tu parte egóica para reafirmar sus pulsiones dominantes y subyugarte, aún más, hacia el "Yo ideal" bien, tratando de acercarte a él en un intento de ser feliz o repeliéndolo en un intento de revelarte contra él (cosa que para el caso es lo mismo).


El cuerpo humano puede dividirse en tres partes:

  • Cabeza

  • Corazón

  • Vientre

Podríamos decir: el centro racional, el centro emocional, y el centro corporal, pero como esas palabras están cargadas de conceptos erróneos, procuraremos dejarlo en una neutralidad más aparente hasta no esclarecer y discernir cada uno de los centros en detalle.

Dentro de cada uno de estos "Centros inteligentes" hay nuevos elementos que se reparten de esta forma:


Cabeza: Centro mental Centro mental superior


Corazón: Centro emocional Centro emocional superior


Vientre: Centro sexual Centro instintivo Centro motor (o móvil)


Además, en la zona del vientre existe un nuevo centro superior, el Centro sexual superior, pero siendo su descubrimiento una consecuencia lo obviaremos por ahora.


Gurdjieff hablaba de la raza humana como los "seres tricerebrales" es decir, con la capacidad o la propiedad de tener tres "cerebros". En cuanto a cerebros se refería a complejas formas de gestión que trataban, con mayor o menor tino de gestionar nuestro cuerpo en su totalidad hacia una "armonía".

¿Dónde se colocan estos elementos dentro del eneagrama?


Por ahora diremos que el "cerebro del cuerpo" se ubica en la zona superior del eneagrama, lo que correspondería a los números 8, 9, 1. El "cerebro del corazón" a la zona comprendida entre los números 2, 3, 4. y en la zona del "cerebro de la cabeza" los restantes, el 5, 6 y 7.


Uno de los problemas al hablar de los centros es entender que el ser humano es un amasijo de conexas e inconexas interacciones entre los tres centros. La relación que estas conexiones tengan entre ellas determinará en qué estado armónico podemos encontrarnos e incluso, qué estado armónico podemos considerar conseguir en esta vida.


El problema de los "tres centros" es que entre estas conexiones existe tal confusión que pugnan por dominar el resto del organismo y, de esta manera, es muy difícil que cada uno haga "su trabajo". En el organismo humano hay una anarquía simbólica que no lleva a los centros a tratar de equilibrarse sino a tratar de ser "el rey" dentro de nosotros. La justificación es la necesidad de existir como ente propio y como un YO. En lugar de vernos a nosotros mismos como "algo" que gestiona las tres zonas “gestionantes”, nos identificamos con alguna de ellas, generando así una identificación prematura hacia cualquiera de ellas y empezando una rivalidad que durará el resto de nuestras vidas.


Este tema es muy complejo y muy rico en matices, por lo que trataré de ser lo más esquemático posible.


Antes de considerarnos personas con un centro más dominante que otro, debemos considerar lo antes expuesto, es decir: es posible una atracción hacia ese centro o una repulsión. Seres humanos con un centro corazón dominante, pueden creer que son más propensos a ser dominados por el centro de la cabeza porque parece ser "el más usado", mientras que, realmente, el eje es el centro del corazón que le obliga a ir hacia el centro de la cabeza o racional o bien hacia el centro del vientre o instintivo.


Lo mismo puede ocurrir con cada uno de los tres centros. Por ello, antes de saltar a determinar cuál de los centros es nuestro eje, debemos trabajar la "auto-observación desnuda", una observación limpia que no es nada fácil de conseguir. Esa observación debe ser el objetivo principal de un buscador de si mismo.


En nosotros hay tal caos de conexiones, que toda observación sincera se vuelve imposible, pues fallan nuestros puntos de percepción. Así, muchos seres en los que predomina un centro corazón, tratan a veces de esforzarse en desarrollar el centro cabeza, llegando a generar verdaderos monstruos, efectivos e insatisfechos, carentes de orientación.


¿Puedo cambiar mi centro de energía dominante?


No, ni es posible ni necesario. El principal problema del caos existente en nuestro organismo es esa misma necesidad de "cambiar" el centro dominante.


El centro dominante no es algo que ha sido elegido por nosotros conscientemente ni bajo una determinada necesidad, fruto de la convivencia. Es algo estipulado que se aleja de nuestra capacidad de elección, por lo menos de una elección consciente en el plano humano.


Algunos dirán que viene determinado por tus glándulas, otros por tu mimetismo materno filial, otros por la posición de los planetas… el caso es que el ser humano busca un "hueco", ese hueco en el proceso de lo que llamamos mundo y que normalmente determina nuestra estructura exterior. No es cuestión de tratar de entender el proceso por el que se generó y cómo y de qué forma ocupé ese hueco, sino que, por ahora, debemos simplemente tratar de observar nuestra estructura orgánica.


Determinar con claridad nuestra estructura posiblemente nos llevará un enorme periodo de nuestra vida, pues la empresa no es menos que titánica, teniendo en cuenta que los elementos de los que se disponen para la auto-observación es uno mismo, y uno mismo está en tal caos egóico que no puede verse. Así pues… ¡estamos jodidos! (perdón por la expresión).


Por ello, debemos valernos de elementos exteriores más o menos sanos, que puedan ayudarnos a un saneamiento que nos permita limpiar nuestra observación y así ver con más claridad en nosotros. Estos elementos son llamados "maestros". Hablaré de esa particularidad en otros artículos pues es bueno distinguir y aprender a distinguir por uno mismo los elementos que pueden aportarnos algo útil o simplemente "marear la perdiz". Es complejo, pero…. llegados a este punto entendamos que: todo lo que podamos "hacer" con nuestro enmarañado centro será "un problema".

©2020 Gerard Castelló Duran

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