¿Qué hacemos con nuestras emociones cuando se nos presentan?

Si estamos presentes, todas las emociones vienen del espacio, hacen un camino y vuelven al espacio. Si no estamos totalmente presentes no podemos seguir ese viaje, porque no tenemos la fuente de las emociones ni el final.


Con la danza podemos sentir las emociones antes de ponerles nombre. Hay un “cambio climático” antes de que venga la emoción, lo sentimos y entonces notaremos la emoción, llega un momento a la cima y luego va desapareciendo, entonces nuestra manera mecánica de proceder es dejarla a un lado para irnos a otra y así, no terminamos esa emoción y tenemos muchas emociones a medias que luego explotan cuando volvemos a sentirlas.


Alguien consciente de si mismo, un biodanzante sigue la emoción hasta el final, hasta que vuelve al espacio, sea positiva o negativa, todas hacen lo mismo y nos conducen al mismo lugar. Ya no importa que sea positiva o negativa, es el mismo vehículo para el éxtasis.


Viviendo cada emoción hasta el final, siempre quedará un cielo azul donde puede venir otra y así perdemos el miedo a las emociones destructivas. Aceptamos ser atravesados por cualquier emoción humana.


Todos pretendemos no sentirnos prisioneros de las emociones violentas y no las queremos tener. Poder sentir el odio y la violencia es la verdadera libertad, porque todo puede atravesarse y sentirse.


¿Qué hago con la cólera?: la reprimo o rompo un montón de platos. Pero ninguna de las dos opciones es válida, hay una tercera opción que es tener una relación muy íntima con la emoción y sentirme fascinado por la forma de la emoción, absorber la expresión física.


Hay que poder expresar la cólera sin tener que romper cosas y cuando esto puede circular, se disuelve en el corazón y en el espacio y entonces tenemos esa fluidez que es la espontaneidad, dejamos que las emociones nos atraviesen.


Si intentamos reprimir las emociones nos convertimos en estatuas. Hay que relajarse en la emoción, no intentar controlarla, no estamos aquí para eso, podemos controlar durante un tiempo pero siempre se termina explotando. Puede ser un caos, porque seguro que esta emoción ha estado controlada durante mucho tiempo, pero un poco de caos no está mal del todo. Depende de nosotros, entre dos cosas diferentes podemos escoger una u otra pero no las dos.


Cuando estás haciendo algo violento es el único momento en que te puedes dar cuenta de que lo eres. Por ello es bueno sentirlo para podernos dar cuenta. Estar presente al sentir tu violencia, escuchar lo que te dice tu estado físico, y reconocerla hace que ésta se reduzca.


Sigamos todo el recorrido de una emoción. Podemos empezar con emociones pequeñas para poder cogerle el gusto. No observamos la emoción, sino que nadamos con ella hasta que llega al océano. Así evitamos que la emoción se convierta en un objeto mental.


Hoy en la sociedad hay muchas emociones que son objetos mentales, donde la emoción se ha ido pero ha quedado el objeto de dicha emoción, porque ésta es algo muy rápido, la mente la ve, la atrapa y la convierte en una reflexión y va a ser más pesada que la propia emoción y para el sistema, provoca como una película, una imagen repetitiva y vemos la emoción y el discurso interior que se repiten una y otra vez, ocupando todo el espacio y haciendo que no quepa nada más.


Todos esos objetos mentales se instalan en todo el cuerpo y a veces vuelven a reaparecer emociones del pasado, con los objetos que vuelven a darnos la sensación de que la emoción es más grande. Cuando aparece una emoción antigua, la vives como si fuera nueva y así la limpias, pues sólo tienes la nueva. Si no se hace así no puedes llegar a la liberación.


Uno de los trabajos principales del yoga es éste y no sólo hacer posturas.

La vida tiene que ser meditación, tocar todos los aspectos, llevarla siempre. “Meditar” se hace para darnos cuenta de lo que es la meditación, es fácil hacer eso, pero es más difícil que ese estado esté en toda la vida y en la Biosexualidad no se rechaza nada de lo humano. Cuando meditamos toda nuestra vida ya no hace falta “meditar”.


Todo esto sirve para que nos hagamos sensibles a todo lo que ocurre en nuestro cuerpo, él no miente y no duda, es muy claro si podemos tener la sensibilidad de verlo mejor.


El cuerpo siempre nos habla y así cada vez tenemos una manera de hacer más espontánea. Es como volver a ser adolescentes, volver a ser niños.


El cuerpo es inteligente, es la mente la que nos confunde. Es mucho más sencillo y simple, no estemos entonces limitados por las reglas, confiemos en nuestro cuerpo que tiene la información y así podremos abrir la mente. La mente está siempre ocupada en las alternativas, es lenta y el cuerpo es mucho más rápido, no existe el “¿debo o no?”.


Pregunta las cosas al “espacio=cuerpo”. Escucha al cuerpo y la respuesta se da en segundos. Procura ir haciéndolo con todo a tu alrededor. Siente tu cuerpo y actúa en consecuencia, cuando esto pasa el cerebro se relaja y es una sensación muy agradable.

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