TANDAVA la danza de la realidad


"Sólo los libres pueden danzar"


Tandava se puede traducir como danza cósmica, danza de la totalidad. Es la práctica principal de yoga de la tradición Kaula del tantrismo de Cachemira. Este trabajo de yoga, descrito en el Vijñânabhaïrava Tantra, el texto más antiguo sobre yoga que ha llegado hasta nosotros, es el de un reconocimiento espontáneo de nuestra esencia divina o absoluta que se traduce en el estremecimiento interior (spanda) de la no dualidad. Esta antigua tradición, ligada al shivaísmo del valle del Indus, enseña una forma de yoga casi desaparecida hoy día. Es una práctica que enlaza la meditación sentada con el movimiento. El yogui aprende a meditar dejando que el cuerpo ocupe el espacio mediante un movimiento libre y no intencionado combinado con una respiración abdominal en forma del signo del absoluto.

La danza sagrada de Shiva (Tandava), es una danza libre extremadamente lenta durante la cual el movimiento se libera poco a poco de toda tensión muscular y de toda volición.

El yogui descubre así la libertad espacial original, sobre la cual se funda todo el recorrido tántrico. Es una disciplina a la vez simple de comprender y ardua de dominar, pues introduce la espacialidad a tres niveles: el cuerpo, la mente y la emoción. Combinado con visualizaciones, se completa la sensación espacial de la danza de Shiva.


Cuenta la mitología que Shiva hacía su danza poderosa, dura, fuerte en la que arrasaba con todo lo que se le ponía por delante: árboles, piedras, montañas,… y que se podía pasar días o años danzando, al igual que cuando se ponía a meditar podía estar también años meditando sin que nadie pudiera sacarlo de ahí. Una de estas veces en las que estaba meditando y Shakti, que quería unirse con él, estaba cansada de esperar y esperar, empezó a hacer esta misma danza con su estilo especial femenino de suavidad, fluidez, sensualidad y unión con el espacio, hasta que consiguió perturbar a Shiva y sacarlo de su centro, cuando éste abrió los ojos se dio cuenta de que había algo también hermoso fuera y podía seguir su meditación uniéndose al mundo y uniéndose a ella. Por eso también se le llama danza de shiva y shakti, danza del amor.


La búsqueda tántrica tiene totalmente su eje sobre la idea de que no hay nada a añadir o a trocear al Ser, pues posee la esencia absoluta. Situado más allá del dogma, de la creencia, de la religiosidad, de los preceptos morales, es un ascetismo por excelencia, totalmente integrado en la realidad de la vida cotidiana. Es una vía femenina y esférica que incluye a la totalidad de los seres y reconoce plenamente la fuerza de la mujer. Es una vía de regreso a la fuente original, al ser embrionario que incluye la totalidad.


Los hombres hacen las cosas complicadas, se creen que cuanto más complicado mejor, por ello el Tantra estaba llevado por yoguinis (en un principio), ninguna yoguini ha dejado texto escrito filosófico, estaban demasiado en el espacio, sólo hacían poesía de la vida, del Tantra. Los maestros tántricos no escribían, los que se dedicaban a esto eran los que los veían o sus estudiantes.

A partir de esta danza se crearon después los movimientos fijos, se podría decir que los hombres crearon el hatha yoga a partir del Tandava de la mujer.

En esta danza nos mezclamos con el espacio, perdemos los límites y entonces ya no hay problemas, es como hacer el amor con algo que está en todas partes. Podremos llegar a la percepción del “spanda”, la vibración de todo lo manifestado, que se percibía cuando se unían Shiva y Shakti.

Hay una interpenetración constante con todo y todo es espacio no limitado con el ego. El espacio es libertad total, espontaneidad. Esta danza es muy fácil, pero hay que saber cómo hacerla, así que empezaré por explicar cómo se practica paso por paso:


PRACTICANDO TANDAVA:

La postura

Nos sentamos en un cojín dispuestos a meditar y cerramos los ojos. No es necesario tener la postura perfecta, nosotros mismos la buscamos, cada uno crea su propia postura.

Es mejor una “mala” postura pero relajado, antes que una “buena” postura pero en tensión para poder mantenerla (tal vez, mi postura sea apoyando la cabeza tranquilamente en mi mano). Sabremos que hemos encontrado nuestra postura porque todo fluye dentro del cuerpo mental, emocional y físicamente.

Primera parte

Estamos relajados, distendidos, sentados en posición de meditación, todo es conciencia, todo es movimiento. Todo se mueve, no podemos permanecer inmóviles, tenemos que poder movernos. No tengas miedo de moverte demasiado, así se van deshaciendo las rigideces del cuerpo. Nuestra primera atención es en el perineo soltándolo y relajándolo.

Respiración: Inspirando, relajas el bajo vientre (que se hincha) y al mismo tiempo haces un movimiento de la zona baja de la espalda (cóccix) hacia atrás sintiendo cómo te llenas de aire. Al espirar llevas la pelvis hacia delante y te vacías bien. Conecta con la respiración en el bajo vientre, nota cómo éste se hincha y se deshincha. Esta respiración da estabilidad a tu postura.

Todo el cuerpo se va a mover, este movimiento empieza desde la parte baja del cuerpo y se derrama hacia arriba. Nos centraremos basándonos en el movimiento. Estar centrado es no tener periferia y no tener periferia es no tener centro…y si no tenemos centro, estamos centrados.


Segunda parte

Cuando nos sintamos conectados con la respiración y el movimiento, vamos incorporando los brazos y las manos lentamente (la lentitud es la cualidad de Dios). Es como si estuviéramos atados con una cuerda y empezáramos a mover los hombros para desatarnos, aflojándola suavemente.

Se hace el mínimo esfuerzo muscular, es como si las manos reposaran en el espacio del aliento, no me resisto al espacio. El viento se puede llevar los brazos hacia donde él vaya. Nuestros hombros están relajados, son como alas de mariposa, todo es independiente, los dedos y las articulaciones. El movimiento se solapa con la respiración.

Sentimos todos los puntos de apoyo sobre el cojín, la base se tiene que mover, tenemos que notar bien los glúteos.

Se trata de desligar al cuerpo de todos sus condicionamientos físicos.

Tercera parte

Después de un tiempo danzando sentados (5, 10, 15 minutos o más), según nos vayamos sintiendo fluir con esta danza, nos levantamos lentamente. Nos ponemos de pie con las piernas muy abiertas, el doble de la anchura de los hombros aproximadamente y las rodillas flexionadas, para que el periné esté en contacto con la tierra, como una tercera pierna en la que nos apoyamos, como un eje alrededor del cual bailamos y este eje es fluido, recordando que nuestro perineo continúa suelto y relajado.

Continuamos con nuestra danza, imaginando que es como el humo del incienso que nunca se mueve igual, contémplalo y siéntete igual cuando dances, el movimiento va de abajo hacia arriba y exploramos todas las direcciones. Todo se mueve, también podemos desplazarnos, cuando lo hacemos, podemos imaginar como si nuestros pies estuvieran dentro de la miel. Para entenderlo podemos realizar el ejercicio dentro del agua y luego fuera, lo más importante es hacerlo con el mínimo esfuerzo posible. Ralentizamos el movimiento, los movimientos pueden ser también rápidos pero hay que aprender a fluir primero con la lentitud. A veces el cuerpo se mueve él solo más lento o más rápido, la energía lo lleva. De vez en cuando podemos experimentar a ir un poco más rápido para encontrar de nuevo la lentitud.

Podemos hacer tandava en grupo o solos, al principio es más fácil hacer la danza en grupo, donde al ver a los otros puede ser mejor, pero todo depende de cada uno.

Es muy bueno hacerlo en la naturaleza, podemos caminar haciendo el yoga y caminar mucho, de hecho, estas prácticas las empezaron los habitantes de la región de Cachemira paseando por el bosque. De todas formas, con el tiempo y la práctica la sensibilidad aumenta y se puede practicar con todo: con las plantas, con los pájaros, en el autobús, en los bares…en cualquier lugar (puede ser una buena manera de hacer servicio social, pues a los que están alrededor siempre les llega algo de esta energía).

Si no estamos en la naturaleza, donde nos bastará con sus sonidos, podemos utilizar desde el principio de la práctica una música suave, más bien neutra (que no nos distorsione demasiado), para fluir con ella, apoyarnos en ella como si fuera el viento que nos lleva y que nuestro cuerpo se funda con la música.

Lo normal es respirar por la nariz, pero también se puede hacer por la boca, también se suele hacer con los ojos cerrados, pero igualmente los puedes abrir si lo deseas, sobre todo si estás caminando, claro. En este yoga no hay nada rígido ni establecido.

Se dejan fluir los pensamientos pero no se mantienen, volvemos siempre al cuerpo y a la respiración, es normal pensar, el problema es que se convierta en una rutina circular, acéptalo y no te entretengas en ellos.

En una práctica “normal” se suele danzar durante una hora, se puede empezar por menos tiempo para irnos acostumbrando. También podemos empezar en la fase en la que ya estamos de pie.

Cuarta parte

Después de danzar durante una hora, nos detenemos de golpe (cesa la música), lo hacemos de una manera muy cortante y nos sentamos a meditar, dejamos el cuerpo libre y entonces podemos reconocer el “spanda”, no hacemos nada y notamos la vibración de la energía, podemos sentir el spanda en un lugar muy pequeño o por todo el cuerpo. Estaremos meditando así, sintiendo la vibración sutil en cada partícula de nuestro cuerpo, durante cinco minutos o veinte según lo sintamos.

Los bloqueos energéticos desaparecen sin necesidad de vivenciarlos (como si hubieran sido de otro). Poco a poco el cuerpo fluye y se va haciendo más sensible.

Después del yoga y la meditación, salir de ella suavemente y mantenerla en la vida diaria. Así cuando vuelvas a empezar ya estarás allí y lo sigues donde lo dejaste. El estado extático es más o menos permanente, no dejas del todo la meditación y de esta forma, algún día ya no será necesario meditar, porque estaremos en la meditación constante.

Cuando has danzado durante una hora puedes sentir fácilmente la capacidad de éxtasis.

También puedes probar danzando durante cinco o seis horas hasta llegar al agotamiento físico y cuando se pasa esta barrera, te das cuenta de que no hace falta fuerza física para bailar, es el universo el que baila por ti.

Podemos vivir la mitología shivaita a través de la danza, el delirio amoroso de shiva y shakti. Tenían una relación magnífica con la pasión, la belleza y el arte que se explora hasta el infinito. Descubrimos a través de la danza que estamos poseídos por la shakti y los problemas que tenemos ya no tienen el mismo efecto, los miramos desde fuera y ya no les tenemos miedo, no nos angustiamos ante la idea de lo que puede sucedernos.

En la danza podemos expresar todas las emociones de la vida, no hay que forzar nada, simplemente se expresa. Hay un gran movimiento interior y se desbloquean emociones que salen a través de la danza. Si practicamos de vez en cuando no notaremos gran cosa, hemos de ser constantes, tener continuidad para poder sentir los resultados y aprovecharlos.

Los andamios de la mente se caen poco a poco con este ejercicio, con mucha constancia, paciencia y disfrutando de la meditación. No hay que buscar nada, sólo disfrute. Los tántricos son seres espontáneos, cuando hay una estructura no hay espontaneidad.

En principio puede ser dramático pero, poco a poco le tomamos el gusto a los andamios que caen, los pedazos pueden volver a aparecer pero nunca tan fuertes como antes.

Este yoga toca y remueve muy fuerte emocionalmente. Notaremos los sentimientos más fuertes y por ello nos sentiremos confundidos. Esta confusión tiene que pasar por un “alargamiento” y después caerá. Pasará por una implosión, es lo que da más placer pero también es lo que da más miedo, porque sentirnos explotados nos da miedo. Esto lleva a un crecimiento de la sensibilidad.

Hay dos sistemas de meditación. Uno es reducir la atención en una sola cosa y otro extenderla hasta que explotamos. Nosotros acogemos la segunda, no nos centramos sino que expandimos la atención. Hay meditaciones que contraen y ésta expande. En este yoga nos sentimos empujados a expandir y no a contraer. Las yoguinis pensaron que no era bueno reducir, es mejor alargarnos hasta los confines del espacio.

En la vía tántrica no hay nada que quitar, todo se acepta, la puerta de salida se encuentra en la propia emoción, no tenemos que transmutarla en lo contrario sino integrarla, sentir las emociones negativas. No tengo necesidad de limpiar mi negatividad para ser una yoguini, no hay pureza y este yoga explora eso. Todos tenemos emociones negativas, hay que coger la totalidad tal y como es y la integramos en la danza que hemos aprendido.

Tenemos un miedo básico que es el miedo al espacio, al espacio del no control, cuando sentimos que no podemos controlar la situación. Una vez ese pánico pasa nos damos cuenta de que no hace falta controlar.

El espacio significa que nuestro estado mental no está limitado por el ego, es una sensación muy física, no se trata de controlar nada, sino de dejar que circulen las emociones y para ello sólo hace falta más espacio.

Casi todos los textos tántricos hablan de la expansión y la contracción, esta es nuestra esencia, tener un cuerpo espacial. Es como si nosotros fuéramos un cielo azul con un marco, si aparece un punto de angustia que se expande, el marco tiene que ser flexible y agrandarse cuando la mancha de angustia se extiende.

En tantra no hay concepto de “vacío” sino de “espacio”. Puede parecer lo mismo pero en el espacio puede estar todo, hay espacio para todo y no es el vacío, es el vacío que está lleno…y de todas maneras está vacío.

El “spanda” es como un instrumento, si el instrumento está desafinado hay que afinarlo. El yoga es afinar el instrumento para hacerlo vibrar.

Hay muchos otros momentos en los que también está esa vibración en la que hay spanda (éxtasis) como por ejemplo cuando escuchamos una buena música o hacemos el amor.

El yoga es ponerte en un espacio amoroso constante. Cuanto más se reconoce el spanda, más fácil es estremecerse con objetos o ruidos muy bastos.

Este yoga es como un juego, nunca se sabe lo que puede pasar al integrar las emociones. Hay que ponerle espacio, la aceptación de la catástrofe es signo de un gran progreso.

La idea no es transformar la oscuridad en luz, sino que lo aceptes simplemente, que lo percibas y lo ames porque forma parte de ti.

Puede haber muchas preguntas y detrás muchas más, pero lo mejor es sentir la sensación del espacio y las preguntas se resuelven solas.

Somos este espacio infinito, en nuestro centro somos luz, espacio que está envuelto en una coraza de conceptos y el yoga nos ayuda a hacer un agujero en la coraza para darnos cuenta del espacio.


Deseo profundamente que la práctica del Tandava os lleve al contacto con el éxtasis.

©2020 Gerard Castelló Duran

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