Vive en el mundo pero no pertenezcas a él

Estamos aquí, todos contagiados, de alguna cosa. O de muchas. Estamos contagiados por el miedo, la incertidumbre, la volátil necesidad de mantenernos distraídos, las incesantes ganas de seguir auspiciándonos en un “no va a pasar nada”. Y seguimos persiguiendo al conejo blanco o más aún a esa zanahoria delante del burro.


Creemos en todo menos en nosotros mismos. Vivimos inmersos en la identificación diaria a infinidad de cosas, el trabajo, el estatus, el placer... cosas y más cosas que nos hacen sentir y pensar que somos aquello que nos sucede o simplemente aquello a lo que prestamos atención. Alguien dijo “Las cosas más importantes en esta vida no son cosas” ¿Y entonces que son? ¿Qué es lo más importante en esta vida?


De alguna forma hemos de poder aceptar que la vida sucede mientras nosotros nos dedicamos a hacer planes para vivirla... y de mientras la vida sigue sucediendo. Somos meros accidente a un azar casuístico que nos empuja a vivirlo todo menos a nosotros mismos. Vivimos los accidentes exteriores con la identificación plena de que somos y formamos parte de esos accidentes. Sabemos poco de nosotros mismos porque creemos que somos la información que recibimos.


En estos tiempos que corren, más que nunca, ahora que lo exterior se ha vuelto tóxico y peligroso, ahora que los esquemas comprados de estabilidad se nos desmoronan... es más necesario que nunca el trabajo sobre uno mismo. Desidentificarnos de lo que sucede y observar “lo que nos sucede”.

¿Qué nos sucede a nosotros? Más allá de los condicionamientos exteriores, más allá de los accidentes azarosos o manipulativos del entorno. Más allá de la dinámica social, más allá de las exigencias externas que nos mantienen, otra vez, enganchados, aducidos al momento social, cual rebaño gestionadamente controlado de conceptos vacíos y a la vez emocionalmente dominantes.

La emoción de ha convertido en la mejor forma de control, aquella energía que debería darnos pautas de nuestro estado de ánimo se ha puesto al servicio vacío de la gesta de la mansedumbre. Mansos y dormidos. Saltando de emoción en emoción sugerida como una forma de sentir que aquello que sentimos es real. ¿Es real lo que sientes? ¿Es real lo que te sucede? ¿O es una energía externa que te impide verte más allá de las circunstancias?

Quizás las emociones que nos embargan forman parte de una reacción externa a estímulos bastantes alejados de nuestra verdadera realidad interna.

Somos esclavos de los placeres y el vaivén de las emociones que nos mantienen distraídos, siempre distraídos, siempre perdiendo el tiempo, siempre tras otra zanahoria que no alcanzamos, siempre tras otro conejo blanco que se nos escapa en el país de las maravillas. Seguimos con paso tácito en un vivir hacia la mansedumbre del rebaño que teme separarse de la gran masa crítica. La verdad ha sido relegada a un mero estado volátil, al momento que nos permiten las circunstancias.

Hace una semana todo estaba bien, todo era grande e inamovible, todo era estable, manso y restringido. Una cárcel que nos generaba seguridad, control y distracción. Un espacio ideológico que, al ser colectivo parecía real pues todos bebíamos del mismo cuento, de la misma invención del control. ¿Y ahora qué? Todas las ideas de la sociedad, de la economía y de la estabilidad se han revelado como lo que son, ideas colectivas, pero más allá de eso nada. Ideas que entro todos creemos y entre todos seguimos. La creencia de que el mundo era así no era más que un velo frágil de estabilidad constreñida.

¿Qué es real? TU. ¿Y que soy? Si quitáramos todos aquellos estímulos exteriores que de alguna forma nos mantienen identificados llegaremos a la verdad de que el Yo es aquello que no habito. Que no estimulo y al que muchas veces no tengo acceso. Es decir, lo únicamente real, lo único que puede permanecer estable, más allá de los condicionamientos exterior, nuestra verdadera fuerza interna, permanece olvidada.

Tiempo es ahora de dedicarnos a lo que es importante, tiempo es ahora de no perder el tiempo, tiempo es ahora de empezar el Trabajo. El verdadero trabajo hacia lo estable en nosotros. Desde ahí se puede vivir, de otra forma somos meros accidentes en post de las circunstancias que nos sobrevienen. Tiempo es ahora de gestarse y observarse, de cuidarse y mantenerse saludable, sano y ejercitado en el músculo de la conciencia. Tiempo es ahora de que se caiga el velo de la sociedad funcional y uterina y descubrirnos caminando en un sendero que transcurre inexorable hacia la verdad de las verdades. Tiempo es ahora de crear un Yo estable que gestione la verdadera identidad y no sucumba una y otra vez a las identificaciones exteriores volátiles.

Desde mi trabajo en el eneagrama cuarto y quinto camino te invito al grupo online que estamos abriendo. Un grupo de Trabajo donde a través de pautas específicas y prácticas programadas trataremos de desarrollar un Yo consciente en nosotros para permanecer en el timón manteniendo el rumbo a pesar de las tormentas que puedan acaecernos.

©2020 Gerard Castelló Duran

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