Somos tiempo: las formas invisibles que dirigen tu vida

A mí me obsesiona el tiempo.


Tanto, que soy un ferviente admirador de los relojes mecánicos.
No solo eso: en mi casa hay un reloj en cada habitación.
En la mesita de noche tengo dos despertadores antiguos, de cuerda… de esos que no perdonan.

Me fascina el tiempo, sí.
Pero aún más me fascina cómo lo contamos.

Esa sensación de que el tiempo avanza…
de que es inexorable…
de que aquí, bajo esta gravedad, parece constante, casi obediente.
Y sin embargo, como decía Albert Einstein, basta cambiar las condiciones… y el tiempo se vuelve relativo.

Y aun así —esto es lo inquietante—
siempre parece ir hacia adelante.

Eso me genera una mezcla rara:
admiración… y vértigo.

Porque hay algo profundamente contundente en saber que el tiempo no se detiene.
Que no negocia contigo.

Pero si miras un poco más profundo…

el tiempo no es solo lineal.

También es cíclico.

Día y noche.
Estaciones.
Respiración.
Vida, muerte… vida.

Quizás la imagen de un reloj como una torbellino sería más acertada:
la espiral.

No repites exactamente lo mismo…
pero tampoco vas en línea recta.

Vuelves… desde otro lugar.

Entonces la pregunta podría ser:

Si hay un tiempo lineal… y un tiempo cíclico…
¿hay más formas de tiempo?

Sí.

Y cada una dice algo de ti.

Porque en el fondo…
no vivimos en el tiempo.
Somos tiempo.

El tiempo lineal — el que te empuja

Es el que mide tu reloj.

El que te hace sentir que tienes que llegar a algún sitio.
Que vas tarde.
Que hay algo que deberías haber hecho ya.

Es útil. Te da dirección.

Pero también te tensa.
Te pone siempre en deuda con el futuro.

El tiempo cíclico — el que te confronta

Aquí no avanzas… repites.

Patrones.
Relaciones.
Emociones.

Lo que no integras… vuelve.

No para castigarte.
Sino para que lo veas de verdad.

El tiempo psicológico — el que realmente vives

Aquí el reloj no manda.

Tu estado manda.

Un minuto en ansiedad puede ser eterno.
Un día en presencia puede desaparecer.

El trauma congela el tiempo.
La presencia lo abre.

Y aquí está la trampa:

crees que vives en el calendario…
pero vives en tu sistema nervioso.

El tiempo mítico — el que te atraviesa

Cuando entras en algo profundo —una crisis, un proceso terapéutico, un trabajo tántrico—
no estás en una fecha.

Estás en un lugar humano universal.

Abandono.
Muerte.
Renacimiento.

Es un tiempo vertical.
No se mide… se atraviesa.

El tiempo oportuno — el momento justo

Los griegos lo llamaban kairos.

Ese instante en el que algo encaja.
En el que sabes… sin pensar.

No puedes forzarlo.
Pero puedes perderlo.

Y lo pierdes cada vez que no estás presente.

El tiempo suspendido — cuando desapareces

Lo has vivido.

En el placer.
En el silencio profundo.
En ciertos estados donde el yo se afloja.

Ahí no hay pasado ni futuro.

Solo esto.

Y por un momento…
dejas de perseguir el tiempo.

Usamos el tiempo para defendernos.

Te refugias en el futuro para no sentir el presente.
Te escondes en los ciclos para no decidir.
Te vas a lo espiritual para no tocar lo concreto.

El que vive solo en lo lineal
huye del vacío del presente.

El que se pierde en lo cíclico
puede evitar tomar decisiones.

El que busca lo espiritual
a veces no quiere habitar lo cotidiano.

El que vive acelerado
no quiere sentir.

No es un problema de tiempo.

Es un problema de relación con el tiempo.

Saber cuándo avanzar,
cuándo repetir,
cuándo profundizar,
cuándo parar.

Porque al final…

no se trata de entenderlo.

Se trata de ver en qué tiempo estás viviendo
cuando tomas decisiones,
cuando amas,
cuando te pierdes.

Y eso…

eso define tu vida, por eso en mi muñeca suelo llevar un reloj que "sólo" marca el tiempo.

El tiempo, en sus múltiples expresiones es lo más valioso que tenemos.

El problema no es el tiempo.

Es no saber en qué tiempo estamos viviendo.

HOLA!, Soy el idiota que escribe esto...

Y quizás sea interesante o tal vez no, no lo sé; Ser o no ser... ese es el verdadero dilema. Este es un espacio para soltarme, un lugar donde dejo fluir mis ideas más disparatadas, donde me entrego a la procrastinación del cuerpo y al impulso mental de vomitar públicamente, para exorcizarme y, quién sabe, quizá también para exorcizar a otros. Ser humano es más complejo de lo que parece, porque hay que saber cuándo soltarse y cuándo atarse. ¿Cuándo cada cosa? Ahí radica la verdadera cuestión. A ojo de buen cubero, diría que ese es el dilema: cuándo ser mitad hijo de Dios y cuándo mitad hijo de puta...

ÚNETE A MIS REFLEXIONES SEMANALES.

Newsletter

Suscríbete a mis reflexiones semanales

Creado por Gerard Castelló Duran con © systeme.io